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Peregrinando con esperanza

“Convocadas por el amor a Jesucristo y a su Iglesia” fue el lema que nos acompañó durante la celebración de nuestro V Capítulo General. Nuestra hermana Raquel, como Superiora general saliente, nos animaba a vivirlo bajo el signo de la esperanza, teniendo como trasfondo el Año Jubilar, una esperanza que nunca defrauda y que es fuente de gozo para testimoniar el amor que llevamos en el corazón.

Verdaderamente los días de Navidad transcurridos en Miraflores, fueron un tiempo de gozo, de renovación en la vocación, de agradecimiento a Dios y de estrechar los lazos de unidad entre nosotras. Todo lo que recibimos como don durante el Capítulo lo queremos seguir gustando y profundizando, es por eso que queremos compartir como familia oblata el fruto de nuestro trabajo capitular, las reflexiones que surgieron en torno a los diferentes temas que tratamos y los retos que como misioneras nos sentimos llamadas a afrontar, peregrinando con esperanza en neustro día a día.

gesto en el Capítulo

Comenzamos este camino compartiendo con vosotros las bellas palabras que nos dirigió nuestra Superiora general Katharina Ramrath, omi,  a todas las hermanas en la clausura del V Capítulo. Dando un salto del misterio de Navidad a la Pascua, nos sentimos invitadas, como las mujeres que fueron muy de mañana al sepulcro, a ser testigos de la Resurrección del Señor.

 

PALABRAS DE LA SUPERIORA GENERAL KATHARINA RAMRATH OMI

EN LA CLAUSURA DEL V CAPÍTULO GENERAL

 

Queridas hermanas:

“Convocadas por el amor a Jesucristo y a su Iglesia”. Nuestra llamada común ha sido el motivo, por el cual hemos venido todas aquí a Miraflores a vivir estos días del V Capítulo General de las Misioneras Oblatas de María Inmaculada. Han sido días intensos, intensos de trabajo, de oración, de reflexión, de compartir y también de emociones. Han sido días, en los cuales a través del dialogo, primero con Dios y luego entre nosotras, hemos podido hacer un camino, en el que poco a poco hemos ido descubriendo el trayecto y el horizonte al que Dios nos llama y nos sigue convocando a caminar juntas en los próximos 6 años.


peregrino

Al principio de este Año Jubilar está muy presente la imagen del peregrino, un peregrino de esperanza. Peregrinar significa como dice Benedicto XVI: “Salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios allí donde Él se ha manifestado, allí donde la gracia divina se ha mostrado con particular esplendor y ha producido abundantes frutos de conversión y santidad.” En este sentido al concluir este V Capitulo podemos agradecer y mirar de nuevo todos aquellos momentos vividos juntas, donde Dios se ha manifestado, donde su gracia se ha mostrado y nos ha ayudado a convertirnos y a crecer en santidad.

Quiero agradecer a cada una de vosotras hermanas, a través de vuestra entrega y generosidad hemos podido estrechar los lazos de la unidad y crear cuerpo, hemos compartido la experiencia vivida en nuestras comunidades, lo mismo que las llamadas y las esperanzas de nuestras misiones. El Capitulo es un tiempo privilegiado de reflexión y conversión comunitarias, dice nuestra Constitución 91 y cada una de vosotras lo habéis hecho posible.

Con ello quiero volver a nuestro peregrinar, pero esta vez con una imagen, que me ha venido muchas veces en este tiempo del Capitulo. Es verdad que en estos días tuvimos muy presente el misterio de la Navidad y todos los personajes, que sintiéndose convocados, peregrinaron hacia Belén para adorar al niño. Ahora voy a hacer un salto a la Pascua, hacia todas las mujeres que son testigos de la Resurrección, contemplando esta escena:

“Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.” (Mc 28, 8-9)

Las mujeres han estado en el sepulcro, donde han descubierto que Jesús vive. Creo que en estos días hemos podido experimentar que Jesús está vivo entre nosotras. A través de la oración, la escucha mutua, el diálogo y el compartir y experimentar una comunión en llamadas y propuestas, nos han hecho descubrir cómo el Espíritu trabaja y está vivo entre nosotras.

Como las mujeres en estos momentos podemos estar por un lado llenas de miedo y a la vez llenas de alegría. De miedo, porque en varios momentos hemos podido descubrir que Dios nos invita a crecer, a potenciar diferentes realidades, a afianzar nuestra identidad de Misioneras Oblatas. Cada novedad también implica inseguridades y la consciencia de nuestros límites. Pero conociendo nuestros miedos y confiando en Dios podemos ser audaces y superarlos.


alegres por la Resurección

Las mujeres a la vez estaban llenas de alegría. Creo que podemos estar verdaderamente alegres. Dios nos ha enseñado donde está la vida en nuestro pequeño Instituto, también la VIDA con mayúsculas y nos confía una misión, que juntas aquí en el Capítulo hemos podido elaborar. Las mujeres corrieron. Esta es la imagen, que más me ha acompañado. No quiere decir que tengamos que correr todo el tiempo en los próximos 6 años. Pero el correr transmite energía, transmite vitalidad, transmite también cierta urgencia en  sentido positivo. Veo a nuestra Congregación como un cuerpo así: enérgico, vital, con hermanas llenas de deseos de entrega.

Y las mujeres corrieron a anunciar a los discípulos. Nuestra llamada común es ser misioneras, anunciar a Cristo siempre con el deseo de que los hombres en quienes continua la pasión de Cristo conozcan también la fuerza de la resurrección, como dice nuestra Constitución 4. De esta manera podremos ser verdaderos testigos de esperanza. Y así, como las mujeres se vuelven a encontrar con Jesús, podemos confiar, que, viviendo de manera audaz, superando nuestros miedos, Jesús, nuestro centro común, sale también a nuestro encuentro y nos dice a todas: ¡Alegraos!

Me imagino que estas mujeres tuvieron una relación profunda con María. Como para nosotras también para ellas fue su modelo, madre, patrona y guía. Dejémonos tomar de la mano por ella, para vivir sus mismas actitudes y así ser verdaderos testigos de la resurrección. Ella es peregrina con nosotras.

Y para vivir esta misión dejémonos ayudar también por San Eugenio. Su amor a Jesucristo y a la Iglesia le empujaba siempre hacia adelante y su santidad fue fruto de su confianza en Cristo Salvador.


Queridas hermanas, para terminar, os pido encarecidamente acompañar a este nuevo gobierno con vuestras oraciones, vuestra caridad fraterna, vuestra entrega y perseverancia. Todas juntas haremos esta nueva etapa en el camino de nuestro Instituto y solo, todas juntas, seremos testimonio para el mundo.

Damos gracias a Dios.

Katha


Katharina Ramrath omi

Superiora general

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