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¿Quién ha dicho que los ángeles no existen?

Si hecho un vistazo atrás alrededor de tres o cuatro semanas, me encontraba en Perú con una de mis hermanas. Allí nos sorprendió el estado de alarma causado por el Covid 19. Rápidamente se tomaron las medidas de seguridad para afrontar la situación de emergencia sanitaria. En unas horas las fronteras del país se cerraron, los vuelos se cancelaron y decretaron confinamiento. ¿Y ahora qué?

 

¿Cómo regresaremos a España? ¿Qué pasa con nuestro vuelo de vuelta? ¿Dónde nos vamos a alojar? ¿Tenemos dinero suficiente para continuar unas semanas más en el país? Gracias a Dios, estábamos alojadas en una parroquia, y estas últimas cuestiones que nos surgían no eran tan graves para nosotras. Pero muchas otras personas que vivieron lo mismo no tenían a dónde ir.

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En seguida nos pusimos en contacto con la embajada y con las líneas aéreas. Todo estuvo colapsado, el teléfono comunicaba o saltaba el buzón de voz diciendo que no tenía más capacidad, los emails no tenían respuestas, y la espera en los chats de consulta se hacía interminable. Después de una semana y media, saltamos de alegría por que comenzamos a tener respuestas. Esta alegría se fue convirtiendo en desconfianza y en enfado, ya que teníamos que asegurarnos que la información recibida por parte de la Embajada era fiable. Recibíamos email, en donde se nos advertía que algunos correos que recibíamos eran falsos. Se despertaban en nosotras muchas dudas ¿De quién nos fiamos en este momento? ¿A quién le estamos dando nuestros datos?

Nosotras nos encontrábamos en un pueblito alejado de una gran ciudad. Era muy difícil con el confinamiento y la estructura de las rondas campesinas, viajar a Lima para poder gestionar un vuelo de repatriación. Los días se pasaban entre email, llamadas, chat en Facebook, desconfianzas, hasta que decidimos comenzar a viajar poco a poco pidiéndole ayuda a la Policía. ¿Quién ha dicho que no existen los ángeles? A partir de este momento la situación comenzó a cambiar. La policía nos ayudó a desplazarnos con seguridad, y nos dio los contactos adecuados que la Embajada no lograba darnos. Tras muchas llamadas y gracias a ellos pudimos llegar a Lima y gestionar un vuelo de repatriación.

Después de haber pasado una odisea, llegamos a España con un agradecimiento muy grande al Cuerpo Nacional de Policía de Perú. En todo momento que acudimos a la comisaría en los distintos lugares por los que pasamos, nos atendieron con mucho respeto y amabilidad, siempre atentos, cuidando y velando por nuestra seguridad, y ayudándonos en todo lo que estaba de su parte. Lo cierto es que llegamos a España reconociendo que Dios había puesto muchos ángeles en nuestro camino de regreso. Ellos no tienen alas, ni van vestidos de blanco, pero nos protegen y nos guardan en nuestros caminos.

Gracias a todas las personas que están realizando un servicio a la sociedad en este estado de alarma por el Covid-19, especialmente quiero dar gracias al Cuerpo Nacional de la Policía.

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