Misioneras Oblatas de María Inmaculada

 Misioneras Oblatas de María Inmaculada

Cuarentena cuaresmal

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Estamos en tiempo de Cuaresma, y en este tiempo los cristianos
hacemos especial memoria de Cristo que fue llevado por el Espíritu al desierto
recordamos la salida de Egipto y el paso del Mar Rojo,
nos preparamos para celebrar el Paso del Señor en la historia y en nuestras vidas.
                                                                                                             (Lc 4, 1-13; Ex 13;14;15).

 

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Las hermanas Raquel y Kasia se encuentran en Perú. Se habían puesto en camino, para conocer más de cerca las posibilidades de misión en la provinica de Cajamarca. En su viaje también el virus les ha obligado a quedarse en casa, en donde están. En esta situación nuestra Superiora general, la hermana Raquel nos anima:

"En este desierto al que somos llevadas, se nos invita a la conversión (C47), para hacer frente a lo que nos esclaviza en la vida cotidiana, para ser más consciente de aquello que nos impide vivir con autenticidad la Alianza que Dios ha establecido personalmente con cada una de nosotras, y así poder renovar nuestra filiación y nuestra conciencia de que somos parte de una gran familia.

Parece que todo ha ido encaminado progresivamente y a gran velocidad a un aislamiento colectivo. El Corona virus y toda la situación que se ha derivado de él, nos crea molestias, preguntas, inseguridades, miedos, situaciones de tensión, que no sabemos quizás cómo afrontar y responder. Pero podemos aprovechar las circunstancias que nos hablan y nos llaman a adentrarnos con profundidad a vivir el significado de la cuaresma. Este es un tiempo preciado de renovación, de preguntarnos por lo verdaderamente importante, de dejarnos en manos de Dios para que él, en nosotras y en el mundo, lo haga todo nuevo. (Ap 21,5)

Seguramente estas circunstancias han provocado muchas preguntas en la intimidad de nuestro corazón y en el corazón de los hombres, que hablan de vulnerabilidad, debilidad, que nos hacen darnos cuenta que no somos dueños de nuestra vida, ni del curso de la historia, que nos hacen darnos cuenta de lo conectados que estamos unos con otros, de que estamos hechos de la misma pasta a pesar de las diferencias, y de las consecuencias y repercusiones de nuestros actos buenos y no tan buenos. Ojalá estos interrogantes inquieten a muchos hasta el punto que les mueva a buscar la verdad de sí mismos, para encontrarse de un modo nuevo con Aquel que es el dador de la vida, “en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17, 28).                                                   

Este tiempo que nos queda afrontar de cierto aislamiento, podemos aprovecharlo para vivir esta cuaresma, profundizando en el estudio de la Palabra de Dios y del carisma,  en intensificar los momentos de oración personal y comunitaria, “para llevar ante Dios la carga de las preocupaciones por aquellos a los que somos enviadas”(C 32): alumnos, amigos, familiares, enfermos, compañeros de trabajo, la situación social que vivimos. Siendo también un tiempo propicio para disfrutar de la alegría y de la sencillez de la vida común y  del compartir fraterno (C39). 

Unidos en la oración."