El último deseo de su corazón

p011 1 01"Monseñor, uno de nosotros le pidió, díganos algunas palabras para transmitirlas a todos nuestros hermanos. ¡Les hará muy felices! Asegurase de decirles que muero feliz… que muero feliz de que Dios haya sido tan bueno que me haya escogido para fundar en Iglesia la Congregación de los Oblatos. Monseñor, ¿podría revelarnos el último deseo de su corazón?
 

Practicad entre vosotros la caridad,… la caridad,… la caridad,… y fuera el celo por la salvación de las almas.”

 

Este es el testamento que San Eugenio dejó el 21 de mayo de 1861 a sus oblatos y a tantas personas, que pertenecen a la gran familia oblata.

A través del amor que recibimos de Dios como hijos suyos y que se encarna en Jesucristo, muerto y resucitado, Dios llama a cada uno de nosotros. Experimentamos, como San Eugenio también, que somos amados sin límites por un Dios misericordioso, que siempre perdona y cuyo amor nos salva y redime. Al mismo tiempo, nace en nosotros el deseo inmenso de dar este amor a los demás.

 

Para San Eugenio la caridad está en el centro de nuestra vida. Ella mantiene la unidad y es el elemento principal que nos anima en nuestra vida. Habiendo experimentado el amor de Dios somos llamados a vivir lcorazonenmanos1a caridad con las personas más próximas a nosotros: nuestras familias, nuestros grupos, nuestras comunidades. Esta misma caridad es el fuego que arde en el corazón de San Eugenio y que le empuja a vivir no para sí mismo, sino para los demás.

cruz.s.eugenio…y fuera el celo por la salvación de las almas… Para el mundo de los pobres, para anunciar la Palabra de Dios, despertar la fe en los demás, ir a todos los partes del mundo para realizar la misión. Así el celo apostólico nos fortalece en el amor mutuo y el amor mutuo nos ayudará a trabajar para los demás.

Podemos preguntarnos, ¿dónde y cómo encuentro este amor de Dios en mi vida? ¿Qué despierta el amor de Dios en mí?

Y guiados por las palabras de un Misionero Oblato, Mártir de Sri Lanka, que pronunció en su oblación, podemos rezar:

Señor Jesús
Te doy mis manos para hacer tu obra
Te doy mis pies para seguir tu camino
Te doy mis ojos para ver lo que tú haces,
Te doy mi lengua para decir tus palabras,
Te doy mi espíritu para que puedas rezar en mi,
Por encima de todo, te doy mi corazón
De manera que Tú puedas amar a tu Padre
Y a toda la humanidad en mí.
Me doy todo yo mismo para que tú crezcas en mí,
De manera que seas Tú, Señor Jesús,
Quien vive y trabaja y reza en mí.
Amén.
 
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