Cristo ha resucitado

Copia de flrores

... y con Él hemos resucitado también nosotros, la muerte ha sido vencida y ahora vivimos una vida nueva llena de una nueva esperanza. Durante este tiempo de Pascua, Jesús, se hace presente, sale a nuestro encuentro como a los discípulos de Emaús y nuevamente nos explica las escrituras esperando a que nuestro corazón se abra a su Amor.

Dios ama la vida, no desea la muerte, ni tampoco las pequeñas muertes que vivimos en lo cotidiano a consecuencia del pecado. La Vida nueva que trae la Pascua está llena de gestos de amor, de cercanía, de solidaridad con el hermano. La alegría de la Pascua es aquella que nace del profundo convencimiento de saber que el Señor camina a nuestro lado y que permanecerá con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos.caminarcon

Dios desea vivir en nosotros y nos espera siempre con una paciencia infinita. Cuando somos capaces de abrir nuestro corazón a su presencia, nuestra vida se transforma, todo toma sentido, la vida triunfa sobre la muerte. El rencor, el odio, el pecado, los desacuerdos, la tristeza, la muerte… no tienen la última palabra.

La última palabra la tiene el Amor que permanece para siempre. El Amor que perdona al hermano, el Amor que ama sin límites, el Amor que ponemos en las pequeñas cosas que hacemos en el día a día, el Amor de quien procura hacer siempre el bien y ayudar a los demás.

Podemos preguntarnos en este tiempo de Pascua si verdaderamente la muerte ha sido vencida en nosotros, si hemos resucitado con Cristo a una Vida nueva, si en nuestra vida cotidiana se ven signos de Resurrección.

San Eugenio de Mazenod, que vivió de manera apasionada su amor a Cristo, a la Iglesia y a los pobres, pedía a los Oblatos que todos los días hicieran la oración “O Jesu, vivens in Maria”  (Oh Jesús que vives en María). A modo de conclusión podemos rezarla también nosotros, pidiéndole a Jesús que viva siempre en nosotros para que nuestra vida se transforme a imagen de la suya.

Oh Jesús, que vives en María:
ven a vivir en nosotros, tus siervos,
con tu Espíritu de santidad,
con la plenitud de tus dones,
con la perfección de tus caminos,
con la realidad de tus virtudes,
con la comunión de tus misterios.
Domina en nosotros sobre todo poder enemigo,
por tu Espíritu Santo, para gloria del Padre. Amén.