Misioneras Oblatas de María Inmaculada

 Misioneras Oblatas de María Inmaculada

謝謝 Xièxie

patri.lisa

united kingdom 64Gracias, Danke, thanks, xièxie. Ésta es la palabra que brota de nuestro corazón por la experiencia vivida en este verano. Lisa y yo tuvimos la oportunidad de conocer la vida y misión de los Misioneros Oblatos de la Delegación de China. Haciendo realidad el espíritu de familia oblata, nos han abierto las puertas de sus comunidades y nos han invitado a compartir con ellos su misión. Durante 6 semanas hemos visitado las comunidades de Hong Kong y dos comunidades en China Continental, una en el norte y otra en el sur.

 

Las cosas cotidianas de cada día han sido ocasiones para abrir nuestro corazón a una cultura y una espiritualidad distintas. El idioma que no entendíamos, la comida china y el arte de aprender a comer con los palillos, la superpoblación de las ciudades, las distancias y el clima, el inglesmodo de relacionarse, la situación política y religiosa, han sido verdaderos desafíos. Pero hemos experimentado cómo en las dificultades también estaba Dios, sosteniéndonos y enseñándonos. Hemos descubierto la disponibilidad para ayudar y la paciencia del pueblo chino, la frescura, la sensibilidad y el compromiso en la forma de vivir la fe.

Los Oblatos nos han introducido poco a poco en su misión, acercándonos a las personas y a las realidades que viven. Es una misión variada que realiza el deseo de San Eugenio de Mazenod de servir a los más abandonados. Ha sido bonito hacer presente el amor de Dios participando en los proyectos de atención a niños de familias migrantes y marginadas en China Continental así como visitar centros y familias que acogen a personas con discapacidad. Ha sido paradójico vivir en Hong Kong, donde hemos dado clases de inglés a los niños de una sociedad preocupada por el trabajo y el estatus a la vez que atendíamos las necesidades de las empleadas del hogar filipinas y de las personas sin techo. Ha sido enriquecedor convivir con un grupo de jóvenes universitarios cristianos en un campamento porque hemos compartido la fe y el deseo de servir a los demás.

HongKongSan Eugenio decía que amar a Jesucristo es amar a la Iglesia y en la Delegación de China se vive buscando la cercanía con la comunidad cristiana, bien sea la Iglesia local, la comunidad de expatriados u otros misioneros. Los domingos hemos celebrado la Eucaristía en las catedrales gustando de una liturgia alegre en sus cantos y cuidada con la participación y el ambiente de oración. Hemos tenido varios encuentros con otros religiosos presentes en China Continental. Su valentía y confianza en Dios nos ha alentado en nuechicasstro espíritu misionero. Nos han hablado de la humildad de los pequeños pasos que se dan, pero la levadura del Evangelio que se está sembrando en la masa, poco a poco la hará crecer. Recemos por ello.
 
Patricia omi
 
 
 
 
De  viaje por China: